Primer Estadio. Dónde me he metido
El estadio del neófito. En esencia, el no-me-entero. Se caracteriza por una serie de exclamaciones y preguntas, a menudo retóricas, del tipo:
• ¡Dios mío, cuántos simbolitos!
• ¡Dios mío, cuántas cartas!
• ¿Pero dónde me he metido?
• ¿Para qué sirven todas estas otras cartas?
• ¿Qué caray significa esto de las fases simultáneas?
• ¿Pero dónde me he metido?
• Etc., etc.

Normalmente, las reflexiones del neófito no se acaban a medida que se va desarrollando la partida. Más bien al contrario; van en aumento. A menudo, el neófito termina la partida con una marcada sensación de extrañez y desespero. Del estilo “No sé si me ha gustado. Cuando me entere de algo, te lo digo”.
Como ocurre siempre, en todo camino espiritual el primer paso es el más difícil; si el caminante lograr superar sus reticencias iniciales, la elevación al Nirvana está garantizada. Normalmente este estadio de ignorancia y desconcierto suele durar de 1 a 3 partidas. El remedio para superar esta triste fase y alcanzar el siguiente estadio es relativamente sencillo; jugar un par de partidas más.
Segundo Estadio. Motores en marcha
Este estadio se caracteriza por un jugador que es capaz de dejar las reglas al margen y concentrarse en desarrollar su imperio galáctico. Apenas hay dudas sobre los iconos de las cartas o sobre el funcionamiento de las distintas fases. Las preguntas —si las hay— se limitan a alguna que otra carta desconocida y aparentemente barroca.
El aprendiz que se encuentra en esta fase suele ser fácilmente identificable al pasarse toda la partida con la cabeza gacha y los ojos centrados en sus cartas, especialmente las que tiene en la mano. Generalmente la partida para este jugador puede acabar con una frase del estilo “¿Cómo, pero ya se ha terminado?” seguida de un “¿Echamos otra?”.
La fórmula para avanzar un estadio más en el Camino Galáctico es bien sencilla; jugar un par de partidas más.
Tercer Estadio. Trazando la ruta
El jugador empieza aquí a percibir que el juego, tal vez, no sólo consiste en bajar el máximo número de cartas en cada turno o de realizar una acción en todas las fases posibles. Comienza a dominar las posibilidades sinérgicas de las cartas (lo que se conoce vulgarmente como “combo”) y a darse cuenta de la infinidad de estrategias que existen; la vía militar, la vía productiva, la vía de la especialización… Además, el buen viajero aprende que para alcanzar el triunfo deberá plantearse una estrategia que tiene que ser, por fuerza, flexible. Al menos en los primeros compases. Transcurrida media partida, esa estrategia debe estar grabada a fuego en su mente; cambiar de rumbo a mitad del viaje sólo garantiza el naufragio.
Un gran abanico de posibilidades empieza luego a abrirse ante sus ojos. El viajero empieza a combinar en su cabeza algunas de las cartas que ya conoce y a preocuparse por estrategias futuras. Posiblemente, al terminar la partida estará ya dándole vueltas a cómo puede ganar la siguiente y pensando en las nuevas tácticas que va a probar.

Esta etapa está marcada por la infinidad de opciones; un enorme y fértil valle se extiende ante los ojos del jugador. Pero cuidado; el viajero confiado corre el riesgo de creer que ya lo domina todo y acabar perdiéndose en el bosque de su autocomplacencia. En realidad todavía queda un buen trecho por delante; como mínimo un par de partidas más.
Cuarto Estadio. La verdad está ahí fuera
El jugador acaba de darse cuenta de que hay más gente sentada en la mesa. Y además, tienen unas cartas muy parecidas a las suyas. Llega a deducir que tal vez se trate de esos otros jugadores que han estado terminando las partidas antes de tiempo y que le impedían ganar. Así que empieza a fijarse en ellos para ver lo que hacen e intenta entender por qué siempre le arruinan la partida justo-cuando-estaba-a-punto-de-ganar.
En esta etapa del viaje se empieza a practicar el bello arte de la Adivinación. Pero a diferencia de la cartomancia, aquí se trata de conocer el futuro antes de que las cartas toquen la mesa. Se trata de anticipar las acciones de los demás jugadores para beneficiarse de ellas. Significa, en esencia, añadir otro factor a esta complicada ecuación. Un factor que, para más inri, sólo tiene unas ciertas probabilidades de cumplirse. Es decir, que a veces el jugador logrará adivinar correctamente las intenciones de los demás y otras veces, simplemente, no.
A menudo, en este estadio, el viajero cree erróneamente que su travesía ha llegado a su fin. Cree que es capaz de manejar adecuadamente un imperio galáctico y percibir las perturbaciones que los demás jugadores provocan con sus acciones. Piensa, en definitiva, que ha alcanzado la sabiduría máxima y que ahora el Universo y sus 150 cartoncitos no tienen secretos para él. Pero queda un último trecho: un par de partidas más.
Quinto Estadio. El latido del cosmos
Aunque todo parecía ya asimilado el jugador nota en este estadio que algo falla. Algo le falta. A pesar de la plenitud que debería haber alcanzado, controlando las reglas, las combinaciones, las estrategias y los rivales, hay algo que se le escapa. Y finalmente lo encuentra: el tempo.

Hasta ahora no había sido capaz de notar el pulso del juego, su cadencia, pero a partir de aquí aprende a controlar el ritmo de la partida para adaptarlo a sus objetivos. Acelerando la carrera espacial o ralentizándola según le convenga. Adaptando su velocidad de expansión según sus objetivos estratégicos. Cambiando las marchas de su cohete espacial en función de las tácticas a corto plazo, las cartas y los demás jugadores. Marcando, en esencia, el flujo del juego para meter presión a los contrincantes o para asegurarse que la presión de la carrera no le va a afectar.
Es en este momento cuando, de repente, sobreviene la plena iluminación. Un halo brillante ciega al caminante y una extraña presencia le da la bienvenida: “Enhorabuena, viajero; tu incansable búsqueda te ha traído finalmente hasta el Nirvana. ¿Nos echamos un par de partidas más?”.
7 comentarios:
Pues yo estoy deseando llegar al segundo estadio (debo llevar unas 10 partidas...)
pero supongo que deberé hechar un par de partidas más (o un par de packs de 4 partidas seguidas más)
salute.
Yo aun estoy en el Foo Fighters.
Sera la que tu dices peroa mi me pegan unos repasos que dan miedo. Creo que no he pasado de puntuaciones de 20´s, mientras los demas amiguitos de Kurt llegan a 40´s sin problemas. Los odio
Mi primer comment por aquí, así que antes que nada: Enhorabuena por el blog, Doc.
Ignoraba que RftG tuviese tal profundidad, ya me han dado ganas de probarlo. Siempre me había dado pereza por el idioma, pero ahora que pronto lo tendremos en español, y tras ver tu artículo, pasa a ponerse en la (demasiado larga) lista de compras.
Salud y dos de diez.
A mi personalmente no me acaba de hacer.... es uno de esos que si los juego bien, y si no los juego también.
Saludos.
Evidentemente, y como se puede ver, a mí es un juego que me encanta. Más bien, me apasiona.
De momento ocupa un lugar de honor en mi corazoncito de jugador.:)
Pues para mi es un gran juego. Es de esos pequeños tesoros que cuando estas a punto de irte para casa y escuchas que alguien (no diré nombres) dice " Hechamos un Race for The Galaxy? " el cansancio desaparece por arte de magia...
venga hombre,
actualiza ya!
iluminanos!!!
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